Chiste: ¿Cucharita, taza o cubo?

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Durante una visita a un instituto Psiquiátrico, le pregunté al Director, qué criterio se usaba para definir si un paciente debería o no ser Internado.

Bueno, – dijo el Director-  hacemos la prueba siguiente: Llenamos una bañera, luego al paciente le ofrecemos una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En función de cómo vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no y con qué tratamiento empezar.

-Ah, entiendo- dije. – una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza.

– No – dijo el Director – una persona normal sacaría el tapón…. Usted que prefiere: ¿una habitación con o sin vista al jardín? …

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¿Cómo quitar las tan indeseadas manchas? (Parte II)

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Si encontraste una mancha en alguna prenda y no sabes cómo quitarla sigue algunas de las siguientes reglas generales:

(a) Identifica la mancha
Mientras más sepas acerca de qué causó la mancha, más probable es tratarComo-quitar-manchas-ropala en forma adecuada. Esto significa que tienes mayor oportunidad de removerla, además de que es menos probable que la fijes si usas el tratamiento equivocado. Cuando tengas dudas, enjuague o remoja en agua fría antes de lavar o aplicar un producto eliminador de manchas.

(b) Verifica si la prenda destiñe
Prueba previamente el producto que vas a usar para remover la mancha en una parte oculta de la prenda o en el interior de una costura, y si el color se ve afectado, no uses ese producto.

(c) Solventes Orgánicos
Asegúrate de que los Solventes Orgánicos se evaporen completamente antes de realizar el lavado.
Enjuague los productos para remover manchas antes del lavado.
Siempre úsalos en un lugar bien ventilado.
Sigue las instrucciones del fabricante cuando estén disponibles.

(d) Quita la manchas siempre por el revés de la prenda
Trabaja desde el revés. Pon el lado manchado hacia abajo sobre una superficie absorbente como toallas de papel limpias y blancas. Cambia las toallas de papel a menudo para evitar que la prenda se tiña nuevamente.

(e) ¡Trata la mancha inmediatamente!

Mientras antes ataques la mancha, más fácil será su eliminación. Verifica si la mancha salió o no en la ropa húmeda recién sacada de la lavadora antes de meterla en la secadora automática. Si la mancha no ha salido, pretrátala y lávala de nuevo, NO la pongas en la secadora automática hasta su eliminación completa o podrías fijar la mancha permanentemente.

(f) Pretrata la mancha
Pretratar con detergente líquido o con una pasta hecha con detergente en polvo y un poco de agua. Primero haz una prueba de desteñido en una zona poco visible de la prenda. Después lava la prenda completa con detergente.

(g) ¡No lo arruines!

Limpia la mancha de afuera hacia adentro no la restriegues porque el restregado excesivo puede dañar las fibras o el acabado, remover el color o esparcir la mancha.

(h) Siempre lava al final
Después de pretratar una mancha, lava la prenda completa para eliminar cualquier residuo dejado por la mancha o las sustancias usadas para eliminar la mancha. (OJO: fíjate si la prenda se puede lavar en casa, para saber ver la etiqueta)

(i) Cuidado con el hipoclorito (cloro)
No uses hipoclorito en seda, lana o fibras spandex (tejidos con elástico como por ejemplo trajes de baño, algunas camisetas, pantalones o ropa interior).

(j) Planchado
No planches telas manchadas dado que el calor puede fijar la mancha.

(k) Tintorería
Lleva a la tintorería las prendas con símbolo de no lavable. Lleva el cuero o piel a la tintorería. Las prendas con forro, entretelas, prendas delicadas, etc.
Indica e identifica la mancha.

Existen tres procedimientos que pueden ser utilizados para atacar manchas antes del lavado:

Remojo
Ya sea que se remoje en un recipiente, lavadero o lavadora, el remojo puede ayudar en forma efectiva a soltar suciedades pesadas.
Es importante seleccionar por colores antes de remojar para evitar transferencia de colores de una prenda a otra.
Sigue las instrucciones del contenedor del detergente para conocer la cantidad de detergente, tiempo de remojo y temperatura.
Generalmente se recomienda remojo mínimo de 30 minutos y en agua tibia o fría.
Centrifuga o escurre la prenda para retirar la solución de remojo antes de proseguir con el ciclo de lavado.

Prelavado
Al tomar menos tiempo que el remojo, el prelavado provee un lavado agitado de cargas con mucha o muy grasosa suciedad que podría no salir en un ciclo de lavado regular. Por lo tanto, algunas lavadoras tienen un ciclo de prelavado que incluye un breve tiempo de remojo. Por otra parte, la lavadora también podría avanzar automáticamente al ciclo de lavado regular.
Recomendamos revisar el manual de tu lavadora para mayor información.
Continuar con un lavado regular usando detergente de acuerdo con las indicaciones del envase.

Pretratado
Esto incluye tratar y, algunas veces, remover completamente manchas individuales antes del lavado.
Algunos de los métodos más comunes son:
Usar un sustancias para quitar las manchas, o aplicar y restregar suavemente con:

  • Detergente Líquido
  • Una pasta de detergente en polvo con agua
  • Jabón en pastilla.
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Remedios para la “tos de perro”

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Se le llama “tos de perro” a la tos que da al iniciarse los catarros, es de las que uno tose, tose y tose sin expectorar nada y te da generalmente en las noches, en plena reunión o en lugares donde te daría pena toser.

Las mejores maneras de quitarla son:

  1. Busca una hoja de Orégano (de esas que igualmente se usan para condimentar las comidas).
  2. Lávala bien y ráspala un poco con un cuchillo tratando de quitarle la primera capa.
  3. Envuelve con la misma hoja una pizca de sal.
  4. Mastica el envuelto hasta sacarle el zumo y trágatelo.

Otro remedio:

  1. Cómprate en la farmacia un pomo de jarabe de Áloe.
  2. Toma 3 cucharadas al día.
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El puerco asado cubano

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Vamos a ver, ¿A qué cubano no le gusta el lechón asado? Oiga, se necesita ser un melindroso de talla extra o un huérfano de paladar para no inclinar las papilas gustativas ante ese olor y sabor exclusivos e irrepetibles que despide un marrano desde la vara cuando ya está a punto de ser bajado para el convite. Y si es el pellejito así bien ampollado, crujiente y brillante de grasa… Bueno, ¡por favor!

El puerco asado es, no me caben dudas, nuestro plato nacional por excelencia. Nos viene desde quién sabe cuánto tiempo, ¡tal vez siglos! Qué congrí ni congrí… El congrí nació para hacerle compañía a la carne asada, junto con la yuca con mojo y la ensalada de tomates y de lechugas. Bien que los sabemos los cubanos. O cuando sea, qué caramba. Porque –usted lo sabe- cualquier día es bueno para pasarle la cuenta a un puerquito, ¿verdad?

Como mismo la mayoría de los criollos de ley nos consideramos expertos en temas beisboleros, también alardeamos de nuestra sapiencia para asar un puerco en púa. ¡Qué difícil es ponerse de acuerdo en este asunto! Mil veces lo viví en carne propia allá en mi entrañable Manatí. Cada vez que los socios acordábamos pacer una ponina y comernos un bichito, al instante aparecían los sabihondos con sus teorías de que si se asa así o se asa asao. ¡Y qué discusiones se armaban, madre mía!

Los matices eran variados. Unos sugerían que el combustible no fuera leña, sino carbón, aduciendo que quemaba mejor y más parejo. Otros recomendaban echar de vez en vez en la candela hojas de guayaba para darle buen sabor a la carne. Había también quienes insistían en arrimar más las brasas para la zona de la cabeza, en contraposición a los que argumentaban que era en los perniles donde se debía incrementar el calor. Y así todo el tiempo, desde el comienzo hasta el final.

Una porfía frecuente giraba en torno a la velocidad de rotación de la vara. “¡Dale vueltas más rápido!”, decía Fulano, recién llegado. “¡No señor, dale más despacio!”, decía Mengano, con dos rones encima. O también: “¡Sacude para que vote la grasa!”, decía Zutano, adoptando pose de entendido. “¡Ya se puede sacar!”, decía Perencejo, conminatorio y seguro. “¿Tú estás loco? ¡Si todavía le falta por lo menos media hora!”, decía Melgarejo, listo para polemizar. ¿Y a quién obedecer?

Toda este ciclo de “conferencias” , por cierto, se desarrollaba entre ronazos, por lo cual abundaba la vehemencia en los criterios y la autosuficiencia al exponerlos. ¡Aunque nadie los hubiera solicitado! Sí, definitivamente, para asar un puerco hay que hacer como mi vecino Cucú aquel fin de año: colocó junto al hueco donde se disponía a asar su lechoncito un cartel con letras bien grandes que decían: “Amigo, sé cómo asar un puerco, así que guárdese sus opiniones”. Y resultó.

En fin, asar un puerco no es solo cuestión de dinero, sino también de sapiencia. Al menos es lo que aseguran los “expertos” en el asunto, que nunca faltan en los convites. Pero lo simpático es que a la hora de sentarse a la mesa todos –duchos y profanos- olvidan agravios y dicen a una voz: “¡Qué bueno quedó!” Aunque el pellejo se hubiera chamuscado y la carne quedara semicruda. Es que, como le dije, ¿qué cubano puede hacer mutis ante un lechoncito asado? ¡Ninguno, compay…!

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