No me digas que no lo tuviste …

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Si, usted, estimado lector, no me vengas con el cuento que no tuviste un par de estas zapatillas Yutapai como la de las imágenes. Si eres mujer entonces les pusiste un par de cordones fosforescentes y si eres macho las combinaste con un jeans marca Zingaro. Y unos años más atrás nuestras abuelas no podían dormir al mediodía porque en las afueras se escuchaba un ruido ensordecedor, de las chivichanas. Ahh, que en tu casa no criaron pollitos amarillos como uno más de la familia. Llegaban a la casilla a uno por persona y al tiempo tenías el mismo pollito enano, pero con plumas blancas, cresta, cantando y con una cara de viejoooo, y olvídate del bombillo de tu cuarto por un tiempo. En la escuela al campo, los refrescos colectivos y personales, se hacían con estos paqueticos famosos: Toki. Y uno de tus socios se armó una bicicleta con motorcito de las que se llamaban Riquimbilis. Lo malo era que cada 2 meses tenía que cambiarle la goma. También recuerdas cuando a tu papá le dieron una Forever por el trabajo. No la podías dejar en la acera, pues te la llevaban. Y para todo tipo de dolores, tenías que echarte el famoso bálsamo chino o mentolito como le decían:

Anda, no me digas que no tuviste de estas cosas…. ¿te acuerdas, verdad?

 

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